Ese mismo día por la tarde, Jonás había regresado al hotel, se bajó del taxi, saludo al botones y subió por ese elevador grande de cristal hasta el 3er. piso donde quedaba su habitación, en esta ocasión la empresa lo había consentido y le pagó una Suite solo para él, tenía su propia sala, una habitación amplia y luminosa, una gran tv. de plasma y un jacuzzi. Debido a que Jonás estaba un poco estresado por el primer día, decidió salir del hotel y llamar a Fran, un muy bien amigo que ya tenía tiempo viviendo en la ciudad. Cuando Fran vio a Jonás se le dibujo una sonrisa en el rostro y corrió a abrazarle, tenía mucho tiempo que no sabía de él, entonces le invitó a comer a un restaurante argentino ubicado muy cerca del hotel de Jonás, llegaron los dos y tomaron una mesa con vista a una de las más bellas avenidas de la ciudad, llena de árboles y de cafés que daban hacia la calle. En eso una mesera de muy buen ver se acerca a su mesa y les recomienda una pasta fetuccinni acompañada de verduras y una copa de vino tinto joven. Ahí en el restaurante los dos amigos comenzaron a platicar de su vida, tenían un par de años que no se habían viso y que poco sabían uno del otro durante ese tiempo, Fran le comentaba a Jonás lo difícil que había sido al principio, cuando se mudó a la ciudad pero que poco a poco las cosas fueron tomando su cause, le contó sobre alguna que otra aventura romántica que había tenido con mujeres, en fin, durante dos horas que estuvieron sentados ahí disfrutando de la comida y de la vista, se pusieron al tanto de la vida de cada uno. Al terminar, se despidió Fran diciendo que tenía que regresar a trabajar, en cambio a Jonás todavía le quedaba la tarde libre y la usó para dar un paseo sobre la zona, le sorprendió lo ajetreada que puede llegar a ser la vida en una ciudad tan urbanizada.
Horas más tarde Jonás recibió una llamada, era precisamente Elizabeth, le llamó por que se encontraba justamente en las mismas condiciones que él: sola, sin nada que hacer y sin saber a dónde ir, Jonás no dudó ni un segundo cuando le dijo:
- "" Liz, no te preocupes, yo conozco buen lugar donde podemos salir y tomarnos algo, de hecho creo que no es muy lejos.

En eso los dos ya se habían puesto de acuerdo para salir al Irish Rover, por suerte Jonás ya conocía el lugar debido a un viaje que hizo anteriormente con unos amigos. Un par de horas más tarde Jonás fue al hotel a ducharse y a cambiarse de ropa, sacó una camisa blanca rayada que había comprado justamente dos días antes de salir y un saco que le hacia juego, bajó al lobby y pidió un taxi, lo abordó y se dirigió a recoger a Elizabeth a su hotel. Cuando el taxi se detuvo, Elizabeth venía bajado esas escaleras con esa alfombra roja del hotel en donde se hospedaba, traía puesto un vestido corto con una especie de mascada en el cuello, Jonás simplemente no pudo hacer otra cosa más que pasar saliva de lo bonita que lucía Liz. Una vez en el taxi los dos, se dirigieron al Bar, Jonás bajo del auto y como todo un caballero, le abrió la puerta a Liz, ella sonrió y le tomo la mano. Liz estaba sorprendida por la cantidad de gente que había en ese bar, era de hecho uno de los más famosos de la ciudad, donde se habían filmado varios comerciales de diversas marcas, él, le abrió la puerta y los dos pasaron, tomaron asiento en una pequeña mesa junto a la barra y pidieron un par de cervezas alemanas de esas de doble malta con la que sientes que realmente estas tomándote una cerveza y no alguna otra cosa. Ahí en el bar fue cuando realmente se comenzaron a conocer, Liz le platicaba a Jonás de su trabajo actual, de su vida de universitaria, de la hermosa y soleada playa que estaba junto a la casa donde ella vivía, de cómo había llegado hasta ahí, él por su parte ponía toda su atención a cualquier palabra que salía de su boca y también le relataba como era su vida en esos días cuando todo parecía una aventura. La música que se escuchaba era excelente: desde temas que rayaban lo electrónico como Depeche Mode y Chemical Brothers hasta el pop-rock más comercial del momento como The Hives y The strokes.

Comenzaron a profundizar en temas más serios como los amigos, la escuela, quizás por que no hacía mucho que los dos habían terminado la Universidad. Después de tomarse dos cervezas Jonás le preguntó a Liz si tenia hambre, ella dijo que si, que no había podido comer del todo bien por plancharse su cabello y estar lista para salir, sin dudarlo ni un segundo Jonás pidió la cuenta del bar y la invitó a cenar a un lugar muy cerca de ahí, por que él ya había estado ahí precisamente y sabía que servían una lasaña excelente, Liz tomo su bolso y le dio un beso en la mejilla a Jonás como gesto de agradecimiento, él se sonrojó y los dos salieron por la puerta del bar, dirigiéndose calles atrás a ese restaurante italiano.

Esa noche nada importaba más que pasar un momento agradable con la amiga que acababa de conocer. Esos ojos claros lucían todavía más bellos con las luces de aquella noche.